El Jardín de Diana

Aprovechando que sigue el veranito vamos a intentar sacarle provecho hasta el último momento.

Hoy queremos presentaros un sitio que se encuentra a la altura de los dioses, disfrutando del sol y de la fiesta, se llama El Jardín de Diana, el gran secreto que esconden las azoteas de la Gran Vía.

Y es que incluso llegar hasta este peculiar Olimpo tiene sus encantos. Sólo diremos: busca el selfie spot y, por supuesto, utilízalo; encuentra también el agujero causado por una bomba de la Guerra Civil; y trata de llegar a la última planta sin tomarte un vermut en su bar de la primera planta.

Pasadas estas tres pruebas en el interior del hotel Hyatt Centric de Madrid, llegarás, al fin al magnífico ático que hoy os proponemos.

Aquí todo nos abre las puertas al reino de los dioses. Nos reciben dos torreones que lideran el espacio (puedes reservar cualquiera de ellos para eventos privados) pero, sin duda, la gran protagonista es Diana (y su arco y su jauría de perros, cazadores como ella), que apunta al otro lado de la Gran Vía al corazón del fénix que trata de raptar a Endimión (el amado prohibido de Diana). 

Esta escultura del amante prohibido está situada en la parte más alta del edificio de enfrente, que alberga la cadena SER, creando un diálogo entre estos dos personajes ubicados a ambos lados de la Gran Vía.

Pero volvamos a lo terrenal, una original propuesta de cócteles con nombres tan de este universo onírico como:

  • el Ataque del Fénix (Bourbon infusionado con bacon, vodka, zumo de tomate y Bloody Mix Ahumado),
  • Diana Spritz (Italicus, Galliano, Cava, Tónica Aegea),
  • El Escondite (Licor de chocolate especiado, tequila, dry curaçao, licor de café y espuma de aguacate) o
  • Jauría (Tequila, mezcal, zumo de pomelo, Shrub de mango, sirope spicy y bitter habanero).
  • Selene, bonito y ligero con una interesante mezcla de sabores. No te dejes engañar: a pesar de lo edulcorado de su presentación, no resulta para nada dulzón. 

A estos tragos propios del Olimpo, se unen las sesiones musicales que tienen lugar los jueves, viernes y sábados y que van variando de estilo para ofrecer al visitante una experiencia redonda. 

El Jardín de Diana

Calle Gran Vía, 31, 28013 Madrid.

De lunes a domingo durante los meses de verano de 16:00 a 2:00 de la noche

Juan de la Cierva y Codorníu

Hoy os presentamos uno de los inventores de mayor renombre a lo largo de nuestra historia, Juan de la Cierva y Codorníu.

Nació en Murcia el 21 de septiembre de 1895, hijo de un político y nieto de un ingeniero, a De la Cierva siempre le interesó volar. Cuenta su hija que ya de joven lanzaba en el parque del Retiro de Madrid aparatos que él mismo construía y que irremediablemente se estrellaban contra el suelo.

De adolescente, fundó con dos amigos una sociedad que bautizó como B.C.D. (las iniciales de sus apellidos), y a los 16 años construyó e hizo volar en el aeródromo de Cuatro Vientos, en Madrid, un biplano con un motor de 50 CV, apodado el Cangrejo. Unos años después, su segundo modelo, esta vez un monoplano, sufrió también sus pruebas: el aparato nunca logró volar con la eficacia del anterior. 

En 1919 terminó la carrera de ingeniero de Caminos (por entonces, no había una formación específica para ingenieros aeronáuticos), y presentó como proyecto de fin de estudios un nuevo biplano con tres motores y hélices motoras. En las pruebas, el piloto Julio Ríos sufrió un accidente sin que sufriera daños, pero sí destrozó el aparato y dejó en la mente de De la Cierva una gran impresión.

Empezó entonces a pensar en cómo podría crear un sistema de vuelo que no viese comprometida la seguridad cuando disminuyese la velocidad, ya que era en los momentos previos al aterrizaje, al ir los aparatos más despacio, cuando se producían la mayoría de las caídas. El resultado fue su primera aproximación al autogiro, una nave con una hélice frontal y en la que las alas fueron reemplazadas por palas giratorias que seguían en movimiento aunque la velocidad disminuyese. 

Lo patentó en 1920 y realizó varias modificaciones hasta que el cuarto modelo, que llamó C-4, consiguió sobrevolar el aeródromo de Getafe el 17 de enero de 1923.

Ese mismo mes llevó a cabo otra prueba con éxito en Cuatro Vientos: despegó en una breve carrera, voló a unos 100 kilómetros por hora y también a velocidades muy lentas y volvió a aterrizar en vertical. El año siguiente, el ejército comenzó a producir autogiros (modelo C-6), y su presencia en la IX Exposición Aerodinámica de París despertó el interés de gobiernos extranjeros por sus diseños. 

El 18 de septiembre de 1928 fue un gran día para De la Cierva. Esa tarde, “a las 16 y 16”, como contaba el periódico ‘ABC por entonces, su aparato aparecía por el horizonte en el aeródromo de Le Bourget, en París, donde un montón de periodistas y fotógrafos esperaban para inmortalizar el momento en que su autogiro aterrizase, tras cruzar por primera vez el Canal de la Mancha. “El autogiro dio una gran vuelta por encima del aeródromo, pasando a gran velocidad. Después subió un poco y, a 150 metros de altura, paró el motor. Entonces, el aparato comenzó a descender verticalmente, deteniéndose unos momentos en el descenso para reemprenderlo instantes después. Y suavemente, sin ningún incidente, el autogiro se posó en tierra”, recogía el cronista de la época.

Así cumplía el sueño de parte de su vida, según reconoció él mismo. “Durante años, no he hecho otra cosa que trabajar en él para convertir en algo práctico aquel aparato en que comencé mis experimentos en 1920”.

Desde el año 2001 el Ministerio de Educación otorga un premio nacional con su nombre para proyectos que han destacado en el proceso de transferir tecnología de los laboratorios a las empresas

Los meses previos al golpe militar, Juan de la Cierva se encontraba en Inglaterra. Desde allí, a principios de julio de 1936, asesoró a los golpistas en el alquiler de un avión, el ‘Dragon Rapide’, que habría de llevar a Franco desde Canarias hasta Tetuán para tomar el control de las tropas del norte de África, un vuelo que los cronistas del franquismo denominarían como “histórico”. 

Irónicamente, el ingeniero e inventor murió en un accidente de aviación poco después el 9 de diciembre de 1936 en Croydon, el avión en el que volaba de Londres a Amsterdam se estrelló en el aeropuerto, durante la maniobra de despegue.

Azotea de Casa Suecia

Hooollaaa chic@s, venid, acercaos que os voy a contar un secretito sobre un ático de esos cuyas vistas de Madrid nunca olvidareis, os voy a hablar de la Terraza de CASA SUECIA.

Éste ático de dos plantas situado en la undécima y duodécima planta del mítico HOTEL MELIA SUECIA que data de 1956, fue la última residencia del escritor norteamericano Ernest Hemingway en Madrid, y entre su clientela también estaban el revolucionario Che Guevara, Julio Cortázar y Ernesto Sabato.

Y es que este modernizado hotel sorprende por su acertada renovación. Sirva como ejemplo el ascensor exterior que lleva a la espectacular azotea de Casa Suecia, una coqueta terraza en las alturas con inigualables vistas panorámicas de 360 grados a todo el centro histórico de la capital.

Este espacio único nos propone comer, bailar o tomar un cóctel premium mientras disfrutamos de las puestas de sol. La terraza cuenta con dj’s residentes y ofrece un completo brunch que no deja a nadie indiferente.

Pero si tienes miedo a las alturas, la propuesta de ocio de Casa Suecia no termina aquí. En los subterráneos del hotel, la COCTELERÍA HEMINGWAY, a la que se accede de forma clandestina a través de los baños, cuenta con rincones especiales y privados que invitan a respirar el ambiente de un club de los años 50.

Está situada en el pleno centro de Madrid con dos estaciones de metro cercanas, la de Sevilla y Banco de España. Un enclave único en pleno corazón de la ciudad madrileña.

Para nosotros es, sin duda, uno de esos lugares mágicos de Madrid.

CASA SUECIA
Dirección: Marqués de Casa Riera, 4 (Banco de España)
Teléfono: 91 051 35 92
Horario: de lunes a domingos de 12 h a 1 mad.
Precio: Cócteles, 13 €. Brunch, 40 €

6 excelentes piscinas naturales

Chic@s, yo no sé vosotr@s pero lo que soy yo estoy que derrito de calor, y es que agosto está cumpliendo a la perfección con su condición de mes cálido y sofocante.

Así es que viendo que esto no remite me puesto manos a la obra para ponerme a refresco, eso sí, nada de piscinas que se saturan y no hay quien esté, me he buscado 6 piscinas naturales que son una auténtica pasada y que las quiero compartir con tod@s vosotr@s:

  1. Piscina natural en Navaluenga:

Perfecta para ir a pasar el día, la tienen muy bien acondicionada con cesped y duchas, el río Alberche se apresa a la altura de Navaluenga y es una gozada pegarse un baño. Además, está situado dentro del pueblo, por lo que puedes acercarte sin problema.

2. La Charca de la Nieta (Piedralaves):

Un lugar de lo más agradable en un entorno incomparable, Piedralaves es uno de esos pueblos que cada rincón te sorprende y del que te enamoras de su vida y actividad.

3. Garganta Eliza (Pedro Bernardo):

Todo un lujo de piscina natural situada en uno de los pueblos más bonitos del Valle del Tietar, Pedro Bernardo, llamado el Balcón del Tietar, un lugar para disfrutar del lugar y su entorno.

4. Piscina natural de Villarejo del Valle:

Situada en la garganta del Prado de Tablada, nada más pasar Villarejo en dirección San Esteban del Valle (AV-P-706), veremos a la derecha esta piscina natural de praderas de césped en pendiente, agua fresquita y chiringuito en la otra orilla, donde tomar unos botellines con tapas de la zona (patatas revolconas o migas) y comer a mesa puesta (siempre que hayamos reservado, cosa que os aconsejo hagáis si vais en fin de semana).

5. Piscina natural del Charco del Risquillo y del Charco Verde:

El pueblo de Guisando tiene junto al casco urbano la piscina natural Charco del Risquillo, con chiringuito incluido, pero si queremos una poza más asilvestrada debemos seguir un kilómetro arriba por la carretera del camping.Allí encontraremos de nuevo el río Pelayos represado y convertido en El Charco Verde.

6. Presa de la Pinara (La Adrada):
Situado en el pueblo de La Adrada en pleno Valle del Tietar, es un lugar estupendo para pasar un día refrescante en un paraje natural que sin duda os hará que repitáis.
Espero que os guste y que las disfrutéis.