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Ático Hotel Exe Moncloa

Pues si, ya llegó el verano y nosotros no podíamos faltar a nuestra cita anual con nuestras terrazas más de moda de Madrid.
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Y como siempre, se nos hace difícil elegir entre la amplia oferta que cada año nos proponen.
En esta ocasión os vamos a hablar de la Terraza Hotel Exe Moncloa, conocida como la Terraza de Poniente por su orientación al Oeste de Madrid, con vistas a la Ciudad Universitaria, al parque del Oeste, El Pardo y, allá a lo lejos, la sierra de Guadarrama, sin duda un lugar perfecto para ver una magnífica puesta de sol.
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En este espacio, podrás relajarte y disfrutar de las espléndidas vistas mientras te tomas unas cervezas, unas copas de cava o algunos de los platos fríos (surtido de ibéricos o de quesos, ceviche peruano, guacamole…etc) siempre con el ingrediente de una agradabel música chill out.

En relación a las bebidas, poco que destacar en relación a cualquier otro lugar, algún coctel decente y copas bien servidas…que ya lo pueden estar porque como os podéis imaginar los precios son elevados.

Además, si a nivel de restauración quieres algo más sofisticado y diferente, antes de subir a éste ático, entra en el Mercado de Moncloa que lo tienes pegado al hotel y que es un espacio gastronómico gourmet también dependiente del Hotel Exe Moncloa y donde podrás probar una gran variedad de comidas que harán disfrutar a tu paladar.

Terraza Hotel Exe Moncloa

C/ Arcipreste Hita nº 10 – Metro Moncloa

Teléfono: 917459299

Horarios: de 20:00 h a 24:00 h.

Facebook: https://www.facebook.com/exe.hoteles

Twitter: https://twitter.com/exehotels 

Página Web: http://www.hotelexemoncloa.com

Consulta otros Áticos similares en nuestro espacio monográfico Áticos y Terrazas de Madrid.

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Ramón Silvestre Verea

Inventor, periodista y escritor español, Ramón Silvestre Verea nació el 11 de diciembre de 1833 en San Miguel de Curantes (A Estrada), en una familia de labriegos acomodados.

Recibió los rudimentos educativos de un tío suyo clérigo, mostrando una inteligencia muy despierta y una especial capacitación hacia la mecánica.

En 1846, ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Santiago de Compostela.

Entre 1848 y 1854, estudió la carrera eclesiástica en el Seminario Conciliar de Santiago, del que fue expulsado a causa de su rebeldía intelectual contraria a la fe católica, a pesar de encontrarse becado y tener un magnífico expediente académico.

En 1855, Verea emigró a Cuba. Trabajó como maestro de escuela en Sagua la Grande y en Colón, ciudad donde también aprendió el oficio de periodista (cajista, corrector y redactor) en el diario El Progreso (hacia 1860), que llegó a dirigir (1862).

En 1863, inventó una máquina de plegar periódicos.  Dos años más tarde, con el inglés aprendido en Cuba, Verea se instalaba en Nueva York tras una breve estancia en Puerto Rico (también colonia española). En la metrópoli norteamericana, se empleó como profesor de español, traductor y viajante de maquinaria e intentó patentar su plegadora, pero por falta de financiación terminó vendiendo la idea a un especulador neoyorquino.

En 1874, trabajó de cambista entre La Habana y Nueva York y fue entonces cuando se planteó la necesidad de un aparato capaz de calcular las equivalencias entre oro y dinero y entre divisas.  

En 1875, asentado ya en Nueva York,  fundó una agencia industrial para la compra de máquinas e inventos.

En 1877, se convirtió en director del periódico El Cronista, el primero editado en castellano en los EE.UU (1842).

En 1878, Verea obtuvo una patente norteamericana (nº 207918) por una máquina de calcular. Se trataba de un aparato mecánico hecho en hierro y acero, de 26 kilos de peso y 35,5 centímetros de largo por 30,5 de ancho y 20,3 de alto, capaz de sumar, restar, multiplicar y dividir cifras de nueve dígitos. Estaba formada por un cilindro metálico de diez lados, cada uno de los cuales tenía una columna de agujeros con otros diez diámetros diferentes.

Lo novedoso del invento consistía en el método directo de multiplicación, pues hasta entonces esta operación matemática se realizaba haciendo sumas repetidas.

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Su funcionamiento se asemejaba al sistema Braille de los ciegos. Con un solo movimiento de manija, se conseguían realizar sumas, restas, multiplicaciones y divisiones.

Antes de la llegada de Verea, la capacidad de las máquinas de cálculo se limitaba a las sumas, por lo que, para lograr hacer una multiplicación, se precisaba de varias maniobras. 

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El escritor Manuel Lozano Leyva describió el rudimentario funcionamiento de dichas calculadoras en su libro “El gran Mónico”:

“Si se quería multiplicar 32 por 56, se disponían los cilindros de la máquina en el 32, se le daba seis veces a la manija; después se daba a la manija para atrás (o a otra para adelante), añadiéndole así un cero al 32, y luego cinco veces para delante para sumar cinco veces 320”.

La hazaña no tuvo el eco que merecía por decisión del propio inventor, que desoyó las ofertas de compra que le llegaron desde EE.UU. por su creación.

Verea sólo llegó a construir tres ejemplares y nunca pensó en una explotación a gran escala. Según declaró, diseñó la máquina para demostrar que los españoles podían ser tan buenos inventores como los de otras naciones más avanzadas tecnológicamente. Con todo, la calculadora sí fue reconocida por la comunidad científica.

Su rapidez a la hora de realizar los cálculos –menos de 20 segundos– y su innovador sistema de cilindros le sirvieron para aparecer en la revista Scientific American y para ganar una medalla en la Exposición Mundial de Inventos de Cuba en 1878.

En 1895, a consecuencia de sus críticas a la política de los EE.UU. en Lationamérica, Verea tuvo que abandonar Nueva York y se trasladó a Guatemala, donde fue recibido con todos los honores.

En 1897, se instaló en Buenos Aires, donde fundó y dirigió otra revista también llamada El Progreso (1898).

Un año después, en 1899, debido a una afección pulmonar, Ramón Vera fallecía en la capital argentina a la edad de 65 años, solo y empobrecido.

En 1930, su máquina de calcular pasó a formar parte del museo de International Business Machines (IBM) en White Plains (Nueva York).

Otro ejemplo de gran inventor…con falta de reconocimiento.

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Ángela Ruiz Robles

Hola chic@ssssss, la verdad es que no paramos de sorprendernos al conocer los grandes inventores de este país que han sido verdaderos talentos y cuyo reconocimiento ha sido ínfimo…

Hoy os queremos presentar a la mujer que en 1949 fue la precursora de lo que hoy conocemos como ebook, la persona que creó la primera enciclopedia electrónica, hablamos de Ángela Ruiz Robles.

Más conocida en su tierra como ‘doña Angelita’, fue una maestra e inventora nacida el 28 de marzo de 1895 en Villamanín, provincia de León, que pasó la mayor parte de su vida en Ferrol (Galicia) dedicándose a la docencia y que llegó a fundar su propia escuela.

Ángela se convirtió en una maestra de gran valía que impartió clases en distintas escuelas e incluso en algunas de ellas llegó a ser su directora. También crearía su propia academia para adultos en la que impartiría ella misma clases para opositores. 

Además de su faceta como docente, Ángela, un espíritu incansable, llegó a escribir dieciséis libros versados en gramática, ortografía y taquigrafía y dio conferencias sobre dichos temas. 

Mientras Ángela dedicaba su vida a la enseñanza, su mente fue gestando una idea genial. Observando a sus alumnos, cargados siempre de libros, y viendo la necesidad de impartir una educación que tendiera a adaptarse a los estudiantes, imaginó un artilugio que facilitara la lectura de libros. 

Ángela Ruiz Robles

La idea de doña Angelita se hizo realidad con un pesado artefacto construido a base de materiales rústicos de la época. Era solo un prototipo fabricado en Ferrol, pero ya le sirvió para recibir el reconocimiento por parte del Ministerio de Educación y le salieron pretendientes en Washington para construirlo en Estados Unidos, aunque Ángela Ruiz Robles estaba muy arraigada a Galicia y quería que su invento se llevara a cabo en su tierra.

El 7 de diciembre de 1949, presentó la patente del que sería el primer ‘e-book’ de la historia. La Enciclopedia Mecánica, un libro que funcionaba con un sistema mecánico de aire a presión, contenía unas piezas intercambiables que se colocaban “en perpendicular, facilitando la comodidad del lector, y evitando […] esfuerzos intelectuales y físicos”, según la descripción del invento.

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Éste invento no recibió el interés ni de la comunidad científica ni de ninguna empresa susceptible de comercializarla.

Sin detenerse en su ímpetu creativo, Ángela patentaba el 10 de abril de 1962 lo que se conocería como su “enciclopedia mecánica”. 

Esta enciclopedia, de la que llegó a realizar un prototipo real en el parque de artillería del Ferrol, era un libro “ideovisual” interactivo, con luces, botones para escoger distintas opciones, sonido y múltiples contenidos opciones. Un artilugio que, salvando mucho las distancias, incorporaba las prestaciones que hoy día pueden tener los ebooks o las tabletas electrónicas.

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Ella quería que su pesado artefacto se construyera en serie con materiales más ligeros fáciles de transportar en la mochila, pero la falta de capitales lo hicieron inviable.

Recibió importantes distinciones como la Cruz de Alfonso X El Sabio a su profesionalidad, la Medalla de Oro y un Diploma en la I Exposición Nacional de Inventores Españoles. Todo hacía presagiar que estábamos ante uno de los grandes inventos del siglo, pero no llegó a materializarse como ella quería.

Tras pasear la enciclopedia mecánica por las numerosas ferias de toda España, doña Angelita nunca consiguió la financiación adecuada para que su revolucionario invento llegara a todas las aulas del país.

Google celebró en marzo de 2016 el 121 aniversario del nacimiento de Ángela Ruiz Robles dedicándola uno de sus doodles, la leonesa inventora del libro mecánico.

Doodle de Ángela Ruiz Robles

La maestra leonesa también inventó un Atlas Científico gramatical, una suerte de “hipertexto” en el que podían consultarse datos culturales, geográficos, políticos, sociales o gastronómicos simplemente eligiendo un pueblo o ciudad de España. Unas características que recuerdan mucho al funcionamiento de la Wikipedia actual y que, de nuevo, demuestran la creatividad de una auténtica visionaria para la época en la que vivió.

El otro invento fue un método taquimecanográfico nuevo, que tenía como fin ayudar a escribir más rápido al mismo tiempo que facilitara el aprendizaje de los estudiantes.

Ángela Ruiz Robles fallecía el 27 de octubre de 1975. Pocas décadas después, el mundo no se sorprende al ver un dispositivo electrónico de pequeñas dimensiones y altas capacidades, muriendo ella prácticamente en el olvido, cuestión que parece increíble.

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Emilio Herrera Linares

Buenasss a tod@s, hoy queremos presentaros a un ingeniero, piloto, militar, político e inventor, un adelantado a su tiempo perteneciente a la Generación de Plata de la aeronáutica en España, nos referimos a Emilio Herrera Linares.

Nació en Granada el 13 de febrero de 1879, y con él se daba a luz a una etapa gloriosa dentro de la aeronáutica española.

En 1897, con solo dieciocho años, ingresó en la Escuela de Ingenieros militares de Guadalajara, dando así inicio a una brillante carrera como militar, a la que daría continuidad en la Compañía de Aerostación. En ella obtuvo su título de piloto de globo en 1905.

Seis años después, en 1911 Herrera vuelve a hacer historia al graduarse en la primera promoción de pilotos de aeronaves en España, y poco después, en 1914, mostró sus habilidades al pilotar un avión que cubría la ruta Tetuán-Sevilla.

En 1918 promovió la creación de una línea de pasajeros transoceánica llamada “Transaérea Colón” que estaría equipada con dirigibles que unirían Europa con América.

Esta idea la llevaría a cabo finalmente Alemania y Herrera sería invitado como segundo al mando de la expedición para atravesar el Océano Atlántico en el LZ 127 Graf Zeppelin.

Además, Herrera fue uno de los grandes impulsores del Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos (Madrid), inaugurado en 1921, y precursor del actual Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), un organismo dependiente del Ministerio de Defensa encargado de proyectos de investigación espacial y aeronáutica.

Pero Herrera no era un hombre conformista y desde ese momento comenzó a afrontar nuevos retos como conquistar el espacio exterior.

Su verdadera meta era el espacio, y para conquistarla desarrolló su escafandra astronáutica. Después de estudiar la muerte del aviador Benito Molas en 1928, Herrera diseñó una vestimenta que le permitiría alcanzar sano y salvo la fabulosa altura de 22.000 metros de altitud –por encima del récord de altura del momento– en un globo de barquilla abierta.

El traje, listo en 1935, contaba con 3 capas, una de lana, una de caucho y una tercera de lona muy resistente. La zona de las articulaciones estaba diseñada como un acordeón reforzado con cables y tirantes de acero para dar libertad de movimiento al piloto. Una capa de aluminio pulimentando y una tela de plata recubrían el casco cilíndrico y el traje para reflejar los rayos solares y evitar el recalentamiento. 

Incluía un sistema de respiración, estaba equipado con un sistema de calefacción, un casco que impedía la entrada de rayos solares perjudiciales y un micrófono sin carbón para que no ardiera al entrar en contacto con el oxígeno de la atmósfera. Una capa recubierta de metal plegado incomunicaba el cuerpo de las amenazas externas a la vez que facilitaba el movimiento de las articulaciones.

El viaje, previsto para el verano de 1936, iba a suponer el primer hito de la conquista espacial, anterior incluso a las famosas bombas volantes alemanas V-2 de Wernher von Braun, que posteriormente serían la base de los cohetes Saturno, responsables de poner el hombre en la luna. Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil le impidió llevarlo a buen puerto, el traje fue destruido y con la tela del globo se hicieron abrigos para los soldados republicanos.

Aun así, el estallido de la guerra no le impidió terminar su proyecto, esbozado en 1932, de viajar a la Luna.

A partir de 1939 Herrera, fiel a la República —llegó a ser presidente de la 2ª República en el exilio entre 1960 y 1962— se exilió a Francia y comenzó a ser olvidado en su patria natal.

Quién no olvidó sus esfuerzos fue la comunidad científica internacional e incluso Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna en 1969, agradeció sus esfuerzos entregando a su ayudante, Manuel Casajust, una pequeña roca lunar. Un hito, por cierto, que Herrera no pudo ver —falleció dos años antes en Ginebra— y en el que tampoco quiso participar pese a que la NASA le tentó con un cheque en blanco.

Según contaba Casajust a la prensa de la época, Herrera se negó a colaborar en el proyecto si tras el alunizaje los astronautas no colocaban una bandera de su querida España junto a la enseña norteamericana. De acuerdo con Carlos Lázaro Ávila en su libro «La aventura aeronáutica», Herrera comentó a su ayudante: «Los americanos son como niños, creen que con el dinero lo pueden comprar todo».

Emilio Herrera, por todo esto, es conocido merecidamente como “el Julio Verne español”.

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Julio Cervera Baviera

Buenasss a tod@s, hoy queremos presentaros a la persona, que según todos los indicios fue el verdadero inventor de la radio, por delante de Nikola Tesla y del mismísimo Guillermo Marconi, además también fue el precurso de la enseñanza a distancia, hablamos de Julio Cervera Baviera.

Nació en Segorbe (Castellón) el 26 de enero de 1854. Estudió Ciencias Físicas y Naturales en la Universidad de Valencia. Cervera estudió la primaria y la secundaria en su localidad natal, demostrando gran talento para las matemáticas y llegando incluso a fundar y dirigir El Parlanchín (1873), semanario crítico e inconformista.

Tras entrar en el Ejército como cadete de caballería en Valladolid se graduó como alférez en 1875, siendo el número uno de su promoción. En 1878 cursó estudios en la Escuela de Ingenieros Militares de Guadalajara. Llegó a ser Comandante de Ingenieros del Ejército español, convirtiéndose en un militar y científico experto en diseño de tranvías.

En 1877, la Armada le envía a Marruecos. Tras años de exploraciones en el territorio publicó dos libros: Geografía militar de Marruecos (1884) y Expedición geográfico-militar al interior y costas de Marruecos (1885).

Cervera entró en la masonería (1879), muy presente en el estamento militar de la época; su sobrenombre en la logia era “Volta”, debido a su interés por la electricidad.

En 1886, con el patrocinio de la Sociedad Española de Geografía Comercial, Cervera comandó la Expedición científica al Sáhara Occidental junto al geólogo Francisco Quiroga y el intérprete Felipe Rizzo. A su regreso, recibió por su proeza sahariana numerosos homenajes públicos y el ascenso a comandante (1887).

A causa de un artículo suyo, crítico con la endeble política española hacia Marruecos, Cervera estuvo preso seis meses en el penal militar de Alicante (1891), el Castillo de Santa Bárbara. Tras el arresto, se convirtió en héroe del republicanismo.

En 1892, impulsó la instalación del alumbrado eléctrico urbano en Segorbe (la segunda ciudad española en disfrutarlo). En las islas, diseñó el alumbrado de Santa Cruz de Tenerife (1894-1896) y el tranvía eléctrico entre dicha ciudad y La Orotava (1897).

Una vez finalizada la guerra, y centrándose ya en su faceta de ingeniero, el comandante Cervera estuvo trabajando en Londres durante 3 meses con Guillermo Marconi y su ayudante, George Kemp hasta finales de 1899. En diciembre de ese mismo año, tras resolver las dificultades técnicas de su investigación, obtuvo sus primeras patentes de la telefonía sin hilos.

Así lo explica el profesor honorífico de Comunicaciones de la Universidad de Navarra Ángel Faus, quien tras siete años de investigación publicaba La Radio en España. 1896-1977.

Desafiando las tesis de muchos especialistas europeos y basándose en los originales de dos patentes inéditas en Inglaterra y Alemania, atribuye a Julio Cervera la invención del primer sistema técnico de la radio con estas palabras: “el inventor de la radio no es Marconi, ni John Ambrose Fleming, ni Lee de Forest, Fesseden o David Sarnoff, sino el español Julio Cervera Baviera”.

A principios de siglo XX, Cervera consiguió inventar una máquina telegráfica sin hilos capaz de transmitir la voz humana. Durante los años 1901 y 1902, mantuvo emisiones regulares de voz sin cables entre Tarifa y Ceuta durante tres meses consecutivos, así como entre Jávea e Ibiza, estableciendo así el segundo y tercer servicio regular en la historia de la radiotelegrafía mundial.

El primer sistema regular de transmisión inalámbrica fue puesto en marcha por Marconi en 1898 entre la isla de Wight y Bournemouth. Cierto es que Marconi inventó la telegrafía sin hilos antes que Cervera, demostrando su eficacia en diciembre de 1901, pero se trataba de una telegrafía para transmitir señales, no sonidos. Es por ello que, según las investigaciones realizadas por Ángel Faus, Julio Cervera desarrolló la radio once años antes de que lo hiciese Marconi, el cual no trabajó en la radio hasta 1913. Esto le convierte en el pionero indiscutible de la radiotelegrafía en España y la radiotelefonía en el mundo entero.

La patente alemana fue inscrita en el registro de Berlín de 1900, después de que Julio Cervera presentase en Madrid su primera solicitud de patente sobre telegrafía sin hilos. También registró patentes en Francia, Suecia, Noruega, Estados Unidos, Bélgica, Suiza, Portugal, Italia, Austria y Dinamarca.

Más tarde, solicitó el registro de patentes en el Reino Unido, donde trabajaba Marconi. Allí las patentes se consiguieron sin oposición del italiano y su entorno empresarial, lo que indica que se trataba de un sistema distinto. El español no tuvo problema alguno con el italiano, que en ese momento no mostraba interés alguno por desarrollar la radio. En ese momento ningún científico ni técnico en el mundo hablaba de telefonía de voz sin hilos.

El 22 de marzo de 1902, fundó en Madrid la Sociedad Anónima Española de Telegrafía y Telefonía sin Hilos y registró sus patentes de ingeniería ante el notario Antonio Turón y Biscá.

En agosto de 1899 Cervera presentó, además, la patente del Telemando de equipos y sistemas, antecesor del mando a distancia tan común en aplicaciones civiles y militares. 

Las patentes de Cervera son cuatro años anteriores a los primeros diseños del audión de Lee de Forest y también al funcionamiento del robot teledirigido de Leonardo Torres Quevedo en París. Sus estudios son aplicables a la explosión de minas y torpedos a distancia, al movimiento de máquinas terrestres y marinas, etc.

Otra notable contribución fue la creación en 1903 de la Internacional Institución Electrotécnica en Valencia, que daba títulos propios de ingeniero mecánico, electricista y mecánico-electricista, denominados libres. Fue una de las primeras experiencias de educación a distancia de todo el mundo. En 1908 pasa a llamarse Institución de Enseñanza Técnica ofreciendo cursos en disco.

Paralelamente a su actividad como pedagogo, Cervera retomó la acción política. Entre 1908 y 1914, ocupó un escaño de diputado por Valencia para el Partido Republicano Radical.

En el Congreso, destacó por sus críticas contra la obsoleta situación del Ejército durante la Guerra de Melilla de 1909 y denunció la represión en Barcelona de las protestas populares contrarias a la guerra, llegando a ser agredido por diputados conservadores. Ese año dirigió el diario valenciano El Radical.

Tras el abandono de la carrera militar, Cervera intensificó su actividad masónica, creando varias logias en los EE.UU. y alcanzando el grado más alto del Gran Oriente Español.

En 1916, desarrolló un medicamento antidiabético (presentado en América y comercializado en farmacias valencianas).

Nuestro gran inventor falleció en Madrid el 24 de junio de 1927 a los 72 años de edad en el más completo olvido.

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Juanelo Turriano

Es casi imposible de creer, que hace 500 años un hombre fuese capaz de inventar tantas y tan increíbles cosas que en muchos casos el resto del mundo en aquella época no era capaz de alcanzar a entender, hablamos de Juanelo Turriano.

Este magnífico estudioso de la arquitectura y de la ingeniería nació en Crémona (Italia) en 1501 y llegó a España en 1529 llamado por el Emperador Carlos I.

Fue nombrado Relojero Mayor de la Corte y para el rey construyó el famoso Cristalino, reloj astronómico que le hizo ser conocido en su época, en el cual era capaz de indicar la posición y los movimientos de los astros en cada momento con objeto de interpretaciones astrológicas. Tardó 20 años en trazarle y 3,5 en construirle.

Acompañó al rey en todas sus expediciones para cuidar del reloj, y permaneció en el monasterio de Yuste hasta la muerte del Emperador.

Al final de la vida de Carlos I, construyó parte del palacio del rey en Yuste. Uno de los estanques construidos por Juanelo produjo una acumulación de aguas estancadas que generaron la proliferación de mosquitos, que picaron al rey y le produjeron su muerte tras un mes de agonías y fiebres por paludismo.

Trabajó y vivió en Toledo desde 1534. Es fama que allí construyó un autómata de madera, llamado El Hombre de Palo que lograba realizar movimientos tales como saludar o mover las manos y las piernas.

Además en esta época también inventó una especie de ametralladora rudimentaria y algunas máquinas voladoras, todo ello diseñado y construido por él.

A su llegada al trono en 1556 Felipe II le nombró Matemático Mayor del Reino. Reclamado por el Papa Gregorio XIII participó en la reforma del calendario. Vuelto a España, Juan de Herrera le encargó el diseño de las campañas del Monasterio de El Escorial.

Pero sin duda por lo que es más conocido es por la máquina hidráulica que construyó para subir el agua a Toledo, concretamente a la zona del Alcázar, desde el río Tajo, invento conocido como El Ingenio de Toledo o el Artificio de Juanelo.

Éste ingenio de difícil explicación ha sido muy controvertido pero lo cierto es que conseguía llevar el agua desde el río Tajo hasta el Alcázar, situado a casi 100 metros por encima del cauce del río.

Basado en el uso de la propia energía hidráulica del río Tajo, constaba de gran cantidad de “cucharas” o “brazos de madera” engranados de manera ingeniosa que se iban pasando el agua los unos a los otros, en altura creciente, de tal manera que podía elevar gran cantidad de agua salvando el desnivel.

Al parecer se mantuvo en funcionamiento, con un rendimiento cada vez menor a medida que envejecía y se estropeaba, hasta el año 1639 (aguantó casi 100 años). Se ha calculado que en su mejor momento llegó a ascender en torno a 16-17 metros cúbicos de agua al día (16.000-17.000 litros/día).

Nuestro gran inventor murió en Toledo el 13 de junio de 1585 a los 84 años en la indigencia al haber invertido todo su dinero en la obra del Artificio y no haberle pagado lo estipulado ni el Concejo de Toledo ni los militares a los cuales les llegaba esa agua que tanto reclamaban.

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Leonardo Torres Quevedo

A lo largo de nuestra historia hemos tenido grandes inventores pero sin duda uno de los más importantes y que hoy está prácticamente en el olvido es Leonardo Torres Quevedo.

Se hace difícil creer que una persona que fue capaz de inventar tantas y tan relevantes cosas no tenga una mayor repercusión en nuestra historia reciente.

Leonardo nació el 28 de diciembre de 1852 en Santa Cruz de Iguña, en Molledo (Cantabria). Su infancia la pasó allí aunque el instituto lo cursó en Bilbao, completándolo en París.  En 1870 su padre es trasladado a Madrid, lugar donde viene a residir Leonardo, el cual comienza sus estudios superiores en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos.

Una vez terminó la carrera en 1876, viajó durante largo tiempo por Europa para conocer de primera mano los avance científicos y técnicos, sobre todo en la incipiente área de la electricidad.

El 16 de abril de 1885 se casa con Luz Polanco y Navarro, con la cual tuvo ocho hijos, aunque dos de ellos murieron siendo muy jóvenes.

En 1901 a través del Ateneo crea el Laboratorio de Mecánica Aplicada y más tarde de Automática.

Para hablaros de sus inventos más relevantes, os los hemos agrupado por áreas:

Transbordardores

Desde muy joven y por la zona montañosa en la que vivía, se interesó por los transbordadores, funiculares y teleféricos, y fue allí, en Molledo donde construyó en 1887 su primer transbordador llamado de “Portolín” para salvar un desnivel de unos 40 metros, de unos 200 metros de longitud y tracción animal, una pareja de vacas.

Partiendo de esta idea y mejorándola solicitó una patente de un funicular aéreo en el cual ya pudiese transportar personas, presentándolo en Alemania, Francia y Suiza, pero su proyecto fue rechazado por falta de seguridad. Pero persistió en su idea y en 1907 logró inaugurar en San Sebastián su primer funicular en el que transportar a personas, el del Monte Ulía. El diseño era de gran robustez y resistía la ruptura de alguno de los cables.

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Pero es sin duda el Spanish Aerocar, en las cataratas del Niágara, el que le dio la fama mundial. El transbordador de 580 metros de longitud, de capital 100% español, es un funicular aéreo que une las dos orillas del río Niágara, se inauguró el 8 de agosto de 1916 y hoy en día, con pequeñas modificaciones, sigue en activo y sin ningún accidente digno de mención.

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Radiocontrol: El Telekino

En 1903, Torres Quevedo presentó el Telekino en la Academia de Ciencias de París, realizó una demostración experimental y consiguió la patente en Francia, EE.UU., Gran Bretaña y España.

El Telekino consistía en un autómata que ejecutaba órdenes transmitidas mediante ondas hertzianas; constituyó el primer aparato de radiodirección del mundo, y fue un pionero en el campo del control remoto o mando a distancia, junto con Nikola Tesla.

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Aeronáutica

En 1902, Torres Quevedo presentó en la Academia de Ciencias de Madrid y París el proyecto de un nuevo tipo de Dirigible que solucionaba el grave problema de suspensión de la barquilla al incluir un armazón interior de cables flexibles que dotaban de rigidez al Dirigible por efecto de la presión interior.

En 1905, con ayuda del capitán Alfredo Kindelán, Torres Quevedo dirige la construcción del primer Dirigible español al servicio de Aerostación Militar del Ejército, creado en 1896 y situado en Guadalajara.

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A raiz de este hecho empieza la colaboración entre Torres Quevedo y la empresa francesa Astra, que llegó a comprarle la patente con una cesión de derechos extendido a todos lo países excepto España. Así en 1911 se inicia la fabricación de los dirigibles conocidos como Astra-Torres. Algunos ejemplares fueron adquiridos por los ejércitos francés e inglés siendo utilizados en la 1ª Guerra Mundial fundamentalmente en labores de protección e inspección naval.

Máquinas analógicas de cálculo

Las máquinas analógicas de cálculo buscan la solución de ecuaciones matemáticas mediante su traslado a fenómenos físicos. Los números se representan por magnitudes físicas, que pueden ser rotaciones de determinados ejes, potenciales, estados eléctricos o electromagnéticos, etc.

Dentro de este tipo de máquinas se enmarca la obra de Torres Quevedo presentada en 1893 en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Memoria sobre las máquinas algebraicas, la cual fue considerada como un suceso extraordinario en el curso de la producción científica española.

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Con propósito de demostración, Torres Quevedo también construyó una máquina para resolver una ecuación de segundo grado con coeficientes complejos, y un integrador, la que sería bautizada como la primera calculadora algebraica de la historia.

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Torres Quevedo construyó toda una serie de máquinas analógicas de cálculo, todas ellas de tipo mecánico. Una de ellas es El Ajedrecista, presentada en la Feria de París de 1914 y que es considerado el primer videojuego de la historia. En estas máquinas existen ciertos elementos, denominados aritmóforos, que están constituidos por un móvil y un índice que permite leer la cantidad representada para cada posición del mismo.

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El móvil es un disco o un tambor graduado que gira en torno a su eje. Los desplazamientos angulares son proporcionales a los logaritmos de las magnitudes a representar. Utilizando una diversidad de elementos de este tipo, pone a punto una máquina para resolver ecuaciones algebraicas: resolución de una ecuación de ocho términos, obteniendo sus raíces, incluso las complejas, con una precisión de milésimas.

Estos son algunos de los grandes inventos de una persona que desde luego está a la altura de los mayores inventores de la historia de la humanidad, decidido partidario del idioma internacional Esperanto, que falleció en Madrid al poco de comenzar la Guerra Civil Española, el 18 de diciembre de 1936.

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Jerónimo de Ayanz y Beaumont

Hoy damos comienzo a un nuevo monográfico que seguro va a despertar el interés de mucha gente, nos referimos a “Nuestros Grandes Inventores”.

Y qué mejor que presentaros a alguien sorprendente como pocos y que en el siglo XVII fue capaz de inventar el primer prototipo de una máquina de vapor, o el traje de buzo o el prototipo del primer submarino, nos referimos al gran Jerónimo de Ayanz y Beaumont.

Éste ilustre navarro nació en el año 1553 descendiente de los mismísimos reyes de Navarra, Jerónimo pronto destacó por su ingenio y sobre todo por su fuerza, era el típico navarro alto y corpulento, uno de los hombres más fuertes del reino. De joven recibió una excelente formación, una educación rica en todos los sentidos que le convirtió en un hombre propio del Renacimiento por sus polifacéticas habilidades: militar, administrador, cosmógrafo, inventor, empresario, pintor, cantor, músico, matemático, arquitecto…

Caballero de la Orden de Calatrava, y militar de los Tercios Reales, combatió en Túnez, San Quintín, Portugal, las Azores y La Coruña, destacándose en las campañas de Flandes junto al general Alejandro Farnesio. Tal era su destreza en la lucha que Lope de Vega le dedicó un soneto en una comedia llamada Lo que pasa en una tarde.

Como Administrador de minas del Reino controlaba las 550 minas que había en la península, más las de América. Por su responsabilidad en este cargo, se las ingenió para solucionar situaciones adversas allá donde el mantenimiento del Imperio necesitase de nuevas aportaciones científicas.

Entre sus actividades estaban las de analizar muestras y realizar ensayos tratando de aumentar la productividad de las minas, las de solucionar problemas que iban desde la limpieza de los metales negrillos hasta los impuestos sobre los proveedores, pasando por desaguar las explotaciones inundadas por las lluvias.

Uno de los mayores inconvenientes que surgieron en las explotaciones mineras fueron los derivados de la alta contaminación del aire en su interior y la acumulación de agua en las galerías; que de no solucionarse hubiesen paralizado la explotación de esa fuente de ingresos tan vital para el Imperio.

Para este contratiempo, Ayanz ideó un sistema de desagüe mediante un sifón con intercambiador. Este sistema consiguió que el agua filtrada en la mina salga a la superficie, mientras que el agua contaminada de la parte superior, procedente del lavado mineral, proporcione la energía necesaria para elevar el agua desde la profundidad de la mina. Este invento supuso la primera aplicación práctica del principio de la presión atmosférica, ley que no iba a ser determinada científicamente hasta medio siglo después por Guericke y Papin.

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Y si este hallazgo es realmente prodigioso, lo que eleva a Ayanz al rango de talento universal es el empleo de la fuerza del vapor.

Ayanz idearía un sistema de vapor a través de la domesticación de la energía del vapor de agua, y su conclusión en los procesos productivos, lo que dio origen a la revolución industrial a finales del siglo XVIII. Esta máquina consiste en una caldera que calentaba el agua acumulada de la mina y que se quería extraer, convirtiéndola en vapor de agua. La presión del vapor elavaba el agua al exterior en flujo continuo a través de una tubería.

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Esta aplicación científica es conocida como principio de la termodinámica a un sistema abierto, definido un siglo después por Thomas Savery sobre las ideas de Jerónimo de Ayanz. En 1698 Savery patentaba su máquina de vapor, pero la del científico navarro lo fue en 1606.

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Además, aplicó ese mismo efecto para enfriar aire por intercambio de nieve u otros fluidos mediante el eyector de vapor y propulsarlos al interior de la minas, refrigerando el ambiente. Ayanz había inventado el aire acondicionado.

Un documento de Felipe III fechado el 1 de septiembre de 1606 reconoció hasta 48 patentes, antes llamados privilegios de invención, relacionados con diversos ámbitos de la ciencia y la tecnología, y conseguidas entre 1598 y 1606.

Ni Leonardo da Vinci, el gran genio del Renacimiento, logró tantas innovaciones en tan pocos años, mucho menos pudo verificarlas en la práctica, como lo hizo Jerónimo de Ayanz. Aquellas invenciones pudieron ser comprobadas con éxito como exigía el protocolo de concesión de patentes.

Uno de esos ingenios fue el primer traje de buceo operativo, cuya demostración fue efectuada en el río Pisuerga al paso por Valladolid, un 2 de agosto de 1602, con Felipe III y su corte como testigos. Ayanz permaneció sumergido a tres metros de profundidad durante más de una hora hasta que el monarca le ordenó salir.

El aire se suministraba desde el exterior por medio de tuberías flexibles. Los buzos también podían ser autónomos, para lo cual iban provistos de vejigas de aire y fuelles que accionaban con los brazos.

Los continuos viajes a las Américas conllevan otras necesidades que debían ser resueltas, inventando novedosos procedimientos en el campo de las artes náuticas.

Por ejemplo, para la necesaria destilación de agua en los barcos que cruzaban el Atlántico inventó una máquina capaz de proporcionar agua potable para consumo de los marineros a partir de agua salada del mar, mediante un horno de barro de su invención que evitaba malos sabores. Ayanz había inventado el primer prototipo de destilador. Además, añadió al sistema de destilación una suspensión que hoy es llamada Cardan para evitar que se desplazase con el movimiento del barco.

Diseñó el primer precedente de submarino, al que denominó como “barca submarina”, un verdadero sumergible que construyó con madera calafateada y que impermeabilizó recubriéndola de un lienzo pintado en aceite.

Herméticamente cerrado, tenía un sistema de renovación de aire perfumado con agua de rosas, contrapesos para subir y bajar, ventanas de gruesos cristales, incluso remos para desplazarse. También contaba con una especie de pinzas o guantes extensibles para poder recoger objetos desde el interior de la nave, de forma parecida a los que se utilizan en los laboratorios para manipular sustancias radiactivas dentro de un recipiente hermético.

En otro campo elaboró una informe, simultáneamente al inglés Gilbert, sobre la aguja de marear (brújula), estableciendo incluso la declinación magnética, a la que denominaba nordestear.

Para un mejor desarrollo agrícola mejoró diversos modelos de molinos de sangre, movidos por la fuerza animal, a los que mediante el movimiento de vaivén adaptaba a la tracción humana.Descubrió la mayor eficacia de las piedras de moler de forma cónica y los molinos de rodillos metálicos, que se utilizaron de manera industrial en las fábricas de harinas en el siglo XIX.

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Aportó dos innovaciones a los clásicos molinos de viento: la orientación automática, gracias a que el propio viento abre los portillones; y el molino con un tornillo helicoidal, que hacía mover con aire y que dos siglos después, en Londres, se movían con agua, de la misma forma que se emplea hoy en día en Japón.

Innovó el mecanismo de transformación del movimiento que permite mediar el denominado “par motor”, es decir, la eficacia técnica, algo que sólo siglo y pico después iba a volver a abordarse.

Mejoró el sistema de riego de plano horizontal lo que se conocía en el vertical: el arco y la bóveda. Plantea las presas de arco, de manera que las fuerzas internas de la estructura, como ocurre en las dovelas, consigan que los empujes de agua se transmitan a las orillas que debían ser de roca firme, es decir, que la idea estaba basada en la misma estructura de arco con las que se construyen las presas de los embalses.

Para el riego también mejoró las bombas inventadas por el sabio Ctesibio, bombas tisibicas de émbolo. Hoy estas bombas de husillo se usan en sistemas hidráulicos y se caracterizan por la suavidad de su funcionamiento.

Todos estos ingenios de la técnica fueron desarrollados especialmente en Murcia, donde ocupaba el cargo de corregidor desde 1587, y en Martos, donde era gobernador desde 1595.

Ayanz murió demasiado pronto para gozar de esos veinte años de patente. En 1608 abandonó el cargo de administrador general de minas dedicándose a la explotación privada de un yacimiento de oro cerca de El Escorial y desde 1611 a la recuperación de las minas de plata de Guadalcanal, las mismas donde había aplicado por primera vez en el mundo una máquina de vapor. Pero enfermó gravemente. El 23 de marzo de 1613 moría en Madrid. Sus restos se trasladaron a Murcia, la ciudad que había gobernado. Hoy están inhumados en su Catedral.

“Excelso”, solo de esta manera se puede calificar a nuestro gran inventor de hoy.

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Fernando VII

Como continuación de nuestro monográfico sobre los Reyes de España, hoy queremos hablaros de uno de los más polémicos que hemos tenido y que sacó lo peor de cada un@. A continuación explicamos el por qué.

Fernando de Borbón nació el 14 de octubre de 1784 en San Lorenzo de El Escorial, hijo del rey Carlos IV y de la reina Mª Luisa de Parma, fue el noveno de 14 hijos de los cuales únicamente 5 sobrevivieron más allá de 1800, siendo nombrado príncipe de Asturias en septiembre de 1789.