Federico Cantero Villamil

Hoy vamos a rescatar del olvido a otra gran inventor español de principios del siglo XX, D. Federico Cantero Villamil, el cual se suma a los más  Grandes Inventores Españoles de nuestra historia.

Federico nace en Madrid en 1874, hijo de un ingeniero industrial que había sido contratado para dirigir la línea de ferrocarril de Medina del Campo a Zamora. Con 22 años (1896) Federico terminó sus estudios en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid con el número uno de la promoción. A continuación, se trasladó a Zamora donde  durante unos años se ocupó de la explotación del río Duero, aguas debajo de Zamora.

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Fue responsable de la dirección facultativa del salto de San Román, de la dirección de la línea de ferrocarril Medina del Campo a Zamora (1905-1918), de la realización del proyecto de la línea ferroviaria de Zamora a Orense, de la dirección técnica de dos talleres mecánicos, de una fábrica de hielo y de la dirección de los laboratorios químicos Menvior.

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Sus escasos tiempos libres los dedicaba a la aeronáutica. Durante una visita a la Exposición universal de París de 1900 adquirió un taller con maquinaria de precisión que instala en Zamora y se esfuerza en el diseño de hélices o “alas giratorias” con las que dotar a un aparato que denomina como “carro volador”. Federico pretendía construir un aparato volador en el que las alas fueran sustituidas por hélices horizontales. Justo en esos años, el ruso Sikorsky investigaba en la misma dirección, aunque tuvo la suerte de emigrar a Estados Unidos, donde recibió el apoyo que le faltó a Federico.

En 1922 y tras fijar su residencia en Madrid construye el prototipo denominado “Libélula Viblandi”, nombre derivado de Villamil y sus colaboradores Blanco y Diaz. Sin embargo, en 1936, el estallido de la guerra civil hizo que se interrumpieran los trabajos y ensayos, no existiendo pruebas de que el prototipo llegara a volar.

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Fue un inventor de un gran número de patentes. En el archivo histórico de la OEPM ha sido posible identificar 33 documentos de  patente en las que figura como inventor, desde 1910 a 1945.

La primera patente, de  fecha de solicitud 13/06/1910, tiene como título “un procedimiento e idea para producir la sustentación de cuerpos y aparatos en el aire y si se quiere a la vez la propulsión. Ambas cosas a un tiempo o separadamente. Por medio de ruedas especiales de una o unas paletas articuladas móviles inclinadoras gradualmente siguiendo la variación y forma que se explica”. Indudablemente las normas de la época en relación con los títulos de las patentes diferían considerablemente de las actuales.

Pese a todo, al terminar la guerra española Cantero Villamil quiso continuar con su Libélula, trasladándola a Cuatro Vientos.

Durante los años siguientes continuó modificando el prototipo e introduciendo las mejoras resultantes de sus estudios. Pero entonces se encontró con otro gran obstáculo: la postguerra. «Tenía la dificultad de los materiales, porque recién acabada la guerra no había capacidad para importar», dice Cantero Núñez. 

Aún así no abandonó la investigación sobre los helicópteros, según se aprecia en el siguiente documento.

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La carestía de la España arrasada, el éxito de Sikorsky y la propia edad avanzada de Cantero Villamil terminaron por asfixiar el proyecto, hasta que en 1946 la tuberculosis se llevó la vida del ingeniero.

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