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Ruta de las Antenas (II)

Pues si la primera ruta que hicimos fue increíble, qué decir de la segunda Ruta de las Antenas, pues que fue un auténtico placer compartir el día con tod@s l@s que nos acompañasteis.

El campo estaba fantástico y el día, aunque algo difícil, aguantó para salvaguarda las más divertidas fotos, los aperitivos y la comida.

Y es que hacerse una rutita campestre en primavera es sinónimo de disfrute, de relax, de pasarlo bien y de olvidarse de todo aquello que no nos agrada. Si encima no es demasiado larga y bastante fácil…pues miel sobre hojuelas que diría mi abuela.

Oye, que si encima te ponen una comida de lujo acompañada de postre, café y copilla, esto empieza a tener tintes de día perfecto, peeero aún quedaba el último lugar para rematar la faena, nuestro chill out playero particular.

Nuestro mar particular nos esperaban para regalarnos una tarde estupenda que sirviese como colofón perfecto para un día de alucine en la mejor compañía, vosotr@s.

Ruta de las Antenas (I)

Nuevo reto conseguido, un paso más hacia esa cierta normalidad que tanto ansiamos, el recorrido campestre de la Ruta de las Antenas ha supuesto un éxito increíble, y todo gracias a vuestro apoyo y al del cielo, porque nos regaló un día alucinante.

Y es que cuando algo tiene que salir bien, sale todo bien, porque a través de un recorrido sencillo (que no corto) pudimos disfrutar de unos paisajes primaverales como hacía años que no veíamos, con todo a nuestro alrededor de un verde de otras latitudes, disfrutando a cada paso que dábamos.

Pero lo mejor estaba por llegar, porque a nuestra llegada a la mitad de la ruta nos estaba esperando un aperitivo excepcional, con algunas delicatessen propias de un lugar de postín, todo ello acompañado de toda la bebida que cada uno quisiese, para, a continuación, sentarnos a comer en lo más parecido a un restaurante al aire libre que podía estar a la altura de un restaurante con estrella Michelín…o casi.

Menú; caballas en escabeche con verduras, carrilladas al vino, bebida, tarta, café, copas…¿se puede pedir más?

Y ya, bien comido y descansados, nos vamos de vuelta para llevar a cabo la última parte de la ruta que sin duda nos hizo digerir bien tan potente comilona.

El remate del día estuvo a la altura de la ocasión, porque nos fuimos a disfrutar de un lugar único en Madrid, un chillout a la orilla de uno de nuestros mares interiores con una temperatura perfecta que sin duda hizo de éste, un día único y muy especial.

Días como éste son los que nos hacen seguir mejorando y creyendo en lo que hacemos.